Cágala.
Cágala como mejor sepas. Escoge malgastar todas tus oportunidades en lugar de
no consumirlas. Desperdicia lo que tengas antes de dejar que otros lo hagan por
ti. Antepone perder tu amor temporal a conseguir una felicidad ficticia. Decepciona
a todos los que confiaban en ti. Crea enemigos donde había amigos. Falla en cosas
que sepas que puedes hacer mejor que nadie. Créete mentiras y desconfía de la
sinceridad. No termines lo que empieces. Inventa formas para que la gente se
ría de ti. Que te la sude lo importante y que te preocupen las bobadas. Estropea
lo que ya tenias. Olvídate de los que te ayudaron.
Actualmente no creo en
la fortuna. Eso de que “¡si pisas una mierda da “suerte”!” es mentira y
seguramente fuese la única cosa mala que le había pasado a quien invento esa
expresión. Vamos, que su optimismo estaría actuando de ventrílocuo. Tampoco creo en el Karma. Ojala existiera y no tardará tanto tiempo
en llegar. En lo único que creo es en mí mismo y, eso me asusta. Cagarla no es
tan fácil como parece.
Considero simplemente penoso que de forma innata cuando hacemos algo mal, nos conformemos al saber que alguien también lo ha hecho de forma errónea. El premio del fracaso personal es el fracaso ajeno.
Defrauda a
tu esperanza. Mírate al espejo y piensa “Soy un fracasado”. Ve a la cocina,
abre una cerveza sin alcohol del armario de arriba y, cuando bebas ese mejunje
intragable al mismo tiempo que tu gesto emana pura repugnancia di en un tono pesimista
“Soy gilipollas”. Cuando a tus colegas no les haga gracia lo que dices trónchate
de risa. Te mereces una ducha. Menos mal que ni tus padres ni tu hermano
pequeño han pensado en ti y ahora solo tienes agua fría. En el momento en el
que te halles tembloroso frente al espejo esperando a que tu hermano traiga esa
toalla que falta en el cajón del lavabo graba a fuego este eslogan en lo que te queda de optimismo “Hay que cagarla mejor”.
Una vez que
hayas agotado todas las posibilidades para hacer algo mal estarás cerca de
conseguir algo. Bien, ahora quiero que caviles un poco. Has hecho mal todo
pero, lo has hecho. No te has quedado quieto por el miedo al fracaso porque lo
has asumido antes de tiempo.
“Demuestra
lo que vales a los que te apoyaron y te marcaron el camino. Arregla lo que
rompiste. Que te importe todo por igual. Se inconformista. Ignora a aquellos
que se rían de ti. Acaba todo lo que empieces. Solo confía en ti mismo. Se
autoexigente. Perdona a tus enemigos. Enorgullece a los que te apoyan y creen en ti. Trata
de amar por difícil que sea. No desperdicies nada y evita que otros lo hagan
con lo tuyo. No malgastes tus oportunidades. No la cagues. Gana.”
Qué fácil
es decirlo, proponerlo, masticarlo, digerirlo y olvidarlo. Si intento ganar
pierdo y si voy a perder fracaso. ¿Sería mejor quedarse quieto esperando? Desde
luego no fracasaría aunque tampoco vencería. Opino que es de cobardes y, aunque de
valientes este lleno el cementerio, me seguiré moviendo hacia adelante
esquivando mi conciencia y buscando serenidad. Pese a que la cague, caeré hacia
lo más profundo tratando de atinar con una mano salvadora de la agonía o
compañera en la caída.
El
pesimismo es el conformismo disfrazado de viejo cascarrabias. Fallar pesa pero
más lo hace la inmovilidad. La mayoría de las veces soy consciente del
resultado de lo que espero y, por muy mala que sea la noticia, voy en su busca
para arrojar el hándicap de la ignorancia al precipicio del olvido y examinar
el yerro trascendental. La verdad destruye pero la agonía del desconocimiento me consume.
Ya no
aguanto más. No iré a cagarla…Tampoco iré a ganar…Me arrastrare por el techo
del presente tratando de no tropezar en el pozo del ayer… Solo quiero una única
cosa. Si tan solo pudiera dejar mi mente completamente en blanco por un mísero minuto. Serenidad.
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Llegados a
este punto de no retorno me alegrará decirte que has aprendido. No volverás a
caerte tan fuerte como antes y vencerás muchos de tus anteriores errores. Estas
orgulloso de ti mismo pero, no has triunfado. Te falta algo y no sabes qué.
Juro que
cuando atine con la guinda de tu esfuerzo te lo haré saber. Mientras tápate
los odios, cierra los ojos y grita para que todo el mundo pueda contemplar como
triunfas rotundamente aunque trates de ocultar el único rasguño del trofeo con
tu silencio.
(Automensaje de apoyo de un 20 de febrero
futuro. Ten paciencia y se tu mismo. Triunfaras. Firmado: P.)

