lunes, 17 de noviembre de 2014

"Caos"

“El  aleteo de una mariposa puede provocar un terremoto al otro lado del mundo”


En su momento, mantuve una conversación sobre una persona bastante importante en mi vida sobre este tema que, a mi pesar, nos marco a cada uno de nosotros, ya sea para bien o para mal. Literalmente esta sentencia es mera prosa disparatada y sin sentido pero, no hay que tomarse todo al pie de la letra.

En mi humilde opinión, quiere decir que pequeñas acciones, actos diminutos pueden conllevar grandes cambios. Como si de un efecto dominó se tratara, una mecha prendida, el origen de una avalancha…

Yo creo en esta idea. De hecho, si me preguntaran “¿Cómo te definirías?” La respuesta sería tan sencilla como irónica: Caos.

Soy capaz de escalar la montaña más alta y de tropezar más de dos veces con la misma piedra, puedo derrotar a un ejército entero pero no a mí mismo, siempre estaré ahí para ayudarte pero tú no lo estarás de la misma forma, mi mente puede estar completamente distraída por un pensamiento a priori “inútil” para muchos cuando yo lo considerare más trascendental que cualquiera de mis “auténticas” prioridades, soy demasiado bueno para que me traten bien…

Al principio me preguntaba si solo me pasaban estas cosas a mí o si simplemente les daba demasiada transcendencia. Es cierto que las personas les damos a los actos la importancia que nosotros pensamos que merecen pero, también es incuestionable que nos basamos en nuestras experiencias (ya sean positivas o negativas) para juzgar la magnitud de dichos actos.

De esta manera, si me fiara de mi parte racional grabaría a fuego la siguiente enumeración de acciones como si de un manual para la supervivencia se tratara:

1.-  No confíes en nadie. Ni siquiera de tu sombra.

2.- Especialmente no confíes en quien te trate bien porque te hará parecer débil.

3.- No se puede tropezar dos veces en la misma piedra. Eso es imperdonable y de estúpido.

4.- No te dejes conocer internamente por nadie, ya que quien lo logre podrá destruirte cuando tenga oportunidad.

5.- Cuanto más bondadoso, honesto y amable seas, mayor será tu castigo por ingenuo e inocente.

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Probablemente me convertiría en un ser arisco, antisocial, poseedor de graves problemas empáticos y tolerantes… Un autómata sin sentimientos ni personalidad propia o lo que es lo mismo, un ser inerte.

Pero ¿Cómo detenerlo? ¿Cómo parar la mayor conspiración contra tu identidad cuando el principal instigador es tu propia conciencia?

Pero, si me dejara llevar por las emociones sería… una bestia. Una bestia que lo destruye todo a su paso, un ente al que no le importa a quien ni a cuantos llevarse por delante, un organismo programado para dejarse llevar por lo que siente como, cuando y con quien quiera de forma innata.

Una criatura concebida por y para la noche, el barro, la carne y los excesos sin pliegues en los que ocultar nada, nada y todo. De mirada profunda y rostro mordaz, con una serenidad salvaje como principal baza…

Un ser al que no le importaría mostrar lo que piensa y padece en cada momento, porque es cierto que cada impulso que estrangulamos, nos envenena…


Ira por tentaciones reprimidas que soporto como si de una lluvia de mercurio se tratara… pesada y tóxica, se expande por todo mi cuerpo y se hace dueña de mí. Porque si me convirtiera en el ser antes descrito no tengo ni la más remota idea de cómo terminaría, pero si estoy seguro de que no contendría nunca jamás ninguna de mis emociones y, solo de pensarlo, mis ojos comienzan a brillar y los actos se sobrecargan de color.

Sin embargo, no creo estar preparado para lo que podría significar abrir la caja de pandora. ¿Miedo? Puede, aunque no estoy seguro. Según Krishnamurti, el miedo es una frustración del pasado proyectada en el futuro y, por lo tanto, un invento del pensamiento.

Esta afirmación tan desafortunada viene a enmarcar la realidad que representa el que este proyectando todos y cada uno de mis desengaños en un documento Word. La verdadera desdicha se encuentra en que sin duda alguna puedo asegurar que soy la persona más confusa que existe. Si de verdad supiera lo que siento, no me costaría tanto esfuerzo escribir lo que escribo y las palabras brotarían con sentido sin rechistar. Pero ese ya es otro tema.

Voy a aprovechar que hoy hay tormenta para terminar… Sé que no debo de permitir a mi mente rememorar fracasos pasados cíclicamente, entiendo demasiado bien que establecerse cuesta, tengo que parar de dar respuestas a problemas internos con soluciones ajenas y me la suda a quien le joda porque hagas lo que hagas decepcionaras a alguien….



La cuestión es: En ese transcurso de transformaciones ¿encontraré alguna mano salvadora en vez de las que me hundieron en este lugar?


Aclarar de todos modos que esto era lo que sentía cuando lo escribí y que actualmente hay varias cosas que no se asemejan a lo que pensaba.

domingo, 12 de octubre de 2014

Metamorfosis

Me duele la cabeza, llevo todo el camino masticando el sabor tostado que yace en mi boca y mis pies gritan desconsoladamente “¡¿Falta mucho para llegar a casa?!”

Flashes de frecuencia aleatoria aunque ininterrumpida tratan de hurgar en la herida y, sobre todo, se aprovechan de mi estado mental actual… demasiado débil.


Todos los días que salgo la misma historia se repite. Al salir de casa una cuenta atrás se activa en mi cabeza y a cada segundo que pasa lo noto como si una muchedumbre me arrollara. Algunos utilizan el alcohol para divertirse, otros para dar pena, otros para fingir, otros para aparentar…yo simplemente bebo. El estado de semiinconsciencia que me otorga es uno de los instantes más fabulosos en cuanto a lo que paz mental se refiere.

Noches en vela retratándome como una supernova silenciosa y sin brillo, una mamba negra que carece de antídoto contra su propio veneno, fiel amigo del fracaso y oponente número uno de mi autoestima… pensamientos al azar sin un nexo patente que los una pero que provienen del mismo epicentro cuya única naturaleza es la de alimentarse mi identidad.

Crack… Un crujido que resuena permanente como eco de su triunfal establecimiento en mi juicio, cual parásito. El estrépito del cambio, del punto de inflexión y de no retorno, el murmullo de las teclas negras de las ruinas de lo que antes fue un piano. Abro los ojos para quedarme ciego.

¿Y si no quiero rendirme?

¿Y si no quiero dar mi brazo a torcer?

¿Y si esa imagen no puede salir de mi cabeza?

No pienso aceptar un “no” por respuesta.

Ahora no pienso como solía. Esta etapa ha terminado y comienza algo nuevo, aunque no sé muy bien el que. Basta de afirmaciones erróneas e interesadas que me conviertan en el naufrago dominante de mi pesar…

Nunca se me ha dado bien seguir consejos ni escuchar advertencias por lo que esto no será una excepción. Marcaré una nueva senda, pero si lo hago será de la única forma que sé. A mi manera.

Guiado por el sonido metalizado de las trompetas a través del sinuoso laberinto de complejos obsesivos, envuelto en un universo de dudas e incertidumbre… Aplasto mi yo interior como si fuera un insecto cuyo único fin es el catastrofismo cíclico y dantesco.

No puede conmigo el miedo, la duda o lo desconocido sino la impaciencia… Se agrieta el suelo ante la marcha de los guerreros seguido de un redoble de tambores, están cerca.

Motivado por los anteriores errores cometidos, por las falsas promesas, por el “siempre quise…”, por el “nunca lo conseguirás…”, por mi, por el “No”... Soy todos esos días que tu escogiste ignorar.



Todo cuanto conocíamos llega a su fin. Es el momento. Me despido de todos vosotros y espero que no me volváis a ver jamás así. Es el origen de algo nuevo. Metamorfosis.

lunes, 17 de febrero de 2014

Triunfador.

Cágala. Cágala como mejor sepas. Escoge malgastar todas tus oportunidades en lugar de no consumirlas. Desperdicia lo que tengas antes de dejar que otros lo hagan por ti. Antepone perder tu amor temporal a conseguir una felicidad ficticia. Decepciona a todos los que confiaban en ti. Crea enemigos donde había amigos. Falla en cosas que sepas que puedes hacer mejor que nadie. Créete mentiras y desconfía de la sinceridad. No termines lo que empieces. Inventa formas para que la gente se ría de ti. Que te la sude lo importante y que te preocupen las bobadas. Estropea lo que ya tenias. Olvídate de los que te ayudaron.

Actualmente no creo en la fortuna. Eso de que “¡si pisas una mierda da “suerte”!” es mentira y seguramente fuese la única cosa mala que le había pasado a quien invento esa expresión. Vamos, que su optimismo estaría actuando de ventrílocuo. Tampoco creo en el Karma. Ojala existiera y no tardará tanto tiempo en llegar. En lo único que creo es en mí mismo y, eso me asusta. Cagarla no es tan fácil como parece.

Considero simplemente penoso que de forma innata cuando hacemos algo mal, nos conformemos al saber que alguien también lo ha hecho de forma errónea. El premio del fracaso personal es el fracaso ajeno.

Defrauda a tu esperanza. Mírate al espejo y piensa “Soy un fracasado”. Ve a la cocina, abre una cerveza sin alcohol del armario de arriba y, cuando bebas ese mejunje intragable al mismo tiempo que tu gesto emana pura repugnancia di en un tono pesimista “Soy gilipollas”. Cuando a tus colegas no les haga gracia lo que dices trónchate de risa. Te mereces una ducha. Menos mal que ni tus padres ni tu hermano pequeño han pensado en ti y ahora solo tienes agua fría. En el momento en el que te halles tembloroso frente al espejo esperando a que tu hermano traiga esa toalla que falta en el cajón del lavabo graba a fuego este eslogan en lo que te queda de optimismo “Hay que cagarla mejor”.

Una vez que hayas agotado todas las posibilidades para hacer algo mal estarás cerca de conseguir algo. Bien, ahora quiero que caviles un poco. Has hecho mal todo pero, lo has hecho. No te has quedado quieto por el miedo al fracaso porque lo has asumido antes de tiempo.


“Demuestra lo que vales a los que te apoyaron y te marcaron el camino. Arregla lo que rompiste. Que te importe todo por igual. Se inconformista. Ignora a aquellos que se rían de ti. Acaba todo lo que empieces. Solo confía en ti mismo. Se autoexigente. Perdona a tus enemigos. Enorgullece a los que te apoyan y creen en ti. Trata de amar por difícil que sea. No desperdicies nada y evita que otros lo hagan con lo tuyo. No malgastes tus oportunidades. No la cagues. Gana.”

Qué fácil es decirlo, proponerlo, masticarlo, digerirlo y olvidarlo. Si intento ganar pierdo y si voy a perder fracaso. ¿Sería mejor quedarse quieto esperando? Desde luego no fracasaría aunque tampoco vencería. Opino que es de cobardes y, aunque de valientes este lleno el cementerio, me seguiré moviendo hacia adelante esquivando mi conciencia y buscando serenidad. Pese a que la cague, caeré hacia lo más profundo tratando de atinar con una mano salvadora de la agonía o compañera en la caída.

El pesimismo es el conformismo disfrazado de viejo cascarrabias. Fallar pesa pero más lo hace la inmovilidad. La mayoría de las veces soy consciente del resultado de lo que espero y, por muy mala que sea la noticia, voy en su busca para arrojar el hándicap de la ignorancia al precipicio del olvido y examinar el yerro trascendental. La verdad destruye pero la agonía del desconocimiento me consume.

Ya no aguanto más. No iré a cagarla…Tampoco iré a ganar…Me arrastrare por el techo del presente tratando de no tropezar en el pozo del ayer… Solo quiero una única cosa. Si tan solo pudiera dejar mi mente completamente en blanco por un mísero minuto. Serenidad.

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Llegados a este punto de no retorno me alegrará decirte que has aprendido. No volverás a caerte tan fuerte como antes y vencerás muchos de tus anteriores errores. Estas orgulloso de ti mismo pero, no has triunfado. Te falta algo y no sabes qué.

Juro que cuando atine con la guinda de tu esfuerzo te lo haré saber. Mientras tápate los odios, cierra los ojos y grita para que todo el mundo pueda contemplar como triunfas rotundamente aunque trates de ocultar el único rasguño del trofeo con tu silencio.


(Automensaje de apoyo de un 20 de febrero futuro. Ten paciencia y se tu mismo. Triunfaras. Firmado: P.)

domingo, 19 de enero de 2014

“Nadie quiere estar solo”

Tan subjetivamente perfecto que parece sacado de un manual, tan aparentemente obvio como confuso por dentro y tan asquerosamente idealista como cualquier cuento para niños.

Soledad…dulce amargor  a malta cuyo sabor mejora por cada trago. Frecuentemente se la confunde con el no tener pareja cuando la mayoría de las veces es la que la provoca, lenta y silenciosamente. Porque puedes estar rodeado de tus “colegas” y sentirla en lo más profundo de tu ser.

Es cómico. Pasamos la mayoría del tiempo buscando alguien con quien no sentirnos solos y, cuando lo conseguimos, lo exprimimos hasta el punto de retorno en el cual daríamos un riñón por 2 minutos de paz. 

No todo son cumplidos hacia ella cuando normalmente actúa como válvula de escape, chaleco salvavidas, paracaídas e incluso como proceso de maduración. Ella ha sido mi hermana, mi guía y ha demostrado más lealtad que muchas personas. Por no hablar de que me ha ayudado a conocerme.

Sentarte y escuchar música, caminar por calles a altas horas de la madrugada, salir corriendo a cualquier lugar, darte una buena ducha de agua caliente, ver tu película preferida… En serio ¿Queréis compartir esos momentos? Entonces, podéis llamarme egoísta o, si lo preferís, gilipollas.

La única pega considerable que puedo recibir de ella es que se asemeja a ese vaso de agua que tomamos después de un café, porque lo bueno al final cansa. Cansa hasta que te abruma y te derriba. Cansa hasta que te absorbe y no puedes despegarte de ella. Cansa hasta que desintegra cualquier atisbo optimista. Y, reconozco estar cansado de ser un tacaño de mí.


La soledad viene provocada por una falta o carencia de algo o alguien lo que viene a decir intrínsecamente que provoca el deseo de ese algo o alguien. Quizás sea esa la respuesta que estaba buscando para argumentar mis últimas noches en vela aunque sigue siéndome difícil de explicar.

Pensar cuando estas abarrotado es pedirle a una bomba educadamente que  estalle cuanto antes. Sin embargo, entre tanta marabunta salvaje puedo distinguir algo intenso que pasa fugazmente. Puede que esté cerca de la pieza que falta del puzzle  o, que sencillamente, sea un amago para mantenerme ocupado con esperanzas inexistentes que se desvanecen poco a poco por el peso de la anterior igual que las fichas de un domino.

El verdadero antagonista de la soledad es un confidente. Echo de menos la imagen de un individuo asintiéndome mientras que hace como que escucha minuciosa y delicadamente todas y cada una de las chorradas que digo para desahogarme, aderezado de un abrazo eternamente silencioso. Esa es la puta única vez que te sentirás invulnerable.

Cada vez que escucho de la boca de cualquier persona “nadie quiere estar solo” me fijo en su mirada.


¿De verdad que “nadie quiere estar solo”? Dijo entre carcajadas la soledad.


viernes, 3 de enero de 2014

… días.

Despierto más cansado que antes, como de costumbre. La persiana bajada y la ventana esta cerrada. Si la hubiera abierto no apestaría el cuarto a anoche. Me lavo la cara con agua caliente para contrarrestar la imagen que se me viene a la cabeza y que se manifiesta en forma de un escalofrío que recorre mi dorso vertebra a vertebra.

Esa imagen se repite una y otra vez y, aunque mi consciencia quiera borrarla como método de autodefensa, mi estupidez supera todas las expectativas. Trato de recordar lo que hice ayer tirado en la cama. Solo me llega esa mirada. Y pensar que solo fue eso, simplemente, una mirada.

Aunque una mirada debería ser la cosa más superficial que existe, para mí, fue todo lo contrario. Aquella aurora de vestido negro contoneándose redujo el escenario a dos simples personajes. En su simpleza, fui capaz de apreciar complejidad.

Aquello fue un entreacto, un verano, mi canción favorita, mi niñez, una ducha de agua fría… Mi capacidad de comprensión no alcanza a entender el constante retorno de esa figura pero, si tratara de impedirlo, estaría mintiéndome.

Subo la persiana. La realidad golpea mi cabeza. Desaparece el decorado, la música ya no suena, aquellos ojos se cierran, el hedor de la habitación invade mis pulmones. Cojo mi abrigo, me pongo el gorro y salgo disparado de casa. Mis pies comienzan a correr como si fueran arrastrados por un carro de caballos alados, no me fatigo, ni tengo frío, solo estoy tratando de encontrarme…Despierto, lunes.

La gente me pregunta continuamente por que llego tarde y, mientras esperan que diga cualquier excusa banal simplemente dejo escapar una tímida sonrisa cuya profundidad emocional es inapreciable a simple vista. No pego ojo por las noches y el que me pregunten por mi tardanza me da la dosis de atención diaria que necesito para evadirme. Me pongo de nuevo el gorro, seguridad.

Los días se pasan fugaces y las noches…las noches no pasan, se repiten. Como un bucle infernal, una celda de auto castigo en la que me sumerjo cada vez más al mismo tiempo que me pregunto ¿por qué? Por qué mi corazón es mucho más racional que mi mente.

Otro día, sábado esta vez. Todo el mundo quiere que salga lo que me hace desconfiar de manera desproporcionada. Gente diferente, distinto sitio, movimientos dispares y mismo resultado. Estoy cansado así que corro para llegar a mi prisión justo a tiempo.

Cierro los ojos y allí esta. Ya no podía aguantar más. Si tan solo supiera su nombre sabría cómo llamar a mi odio…me odio. Te estoy buscando para encontrarme.

Suenan las primeras notas de Karma Police, las 8:45.


Bue…días.