“El aleteo de una
mariposa puede provocar un terremoto al otro lado del mundo”
En su momento, mantuve una conversación sobre una persona
bastante importante en mi vida sobre este tema que, a mi pesar, nos marco a
cada uno de nosotros, ya sea para bien o para mal. Literalmente esta sentencia
es mera prosa disparatada y sin sentido pero, no hay que tomarse todo al pie de
la letra.
En mi humilde opinión, quiere decir que pequeñas acciones,
actos diminutos pueden conllevar grandes cambios. Como si de un efecto dominó
se tratara, una mecha prendida, el origen de una avalancha…
Yo creo en esta idea. De hecho, si me preguntaran “¿Cómo te definirías?”
La respuesta sería tan sencilla como irónica: Caos.
Soy capaz de escalar la montaña más alta y de tropezar más
de dos veces con la misma piedra, puedo derrotar a un ejército entero pero no a
mí mismo, siempre estaré ahí para ayudarte pero tú no lo estarás de la misma
forma, mi mente puede estar completamente distraída por un pensamiento a priori
“inútil” para muchos cuando yo lo considerare más trascendental que cualquiera
de mis “auténticas” prioridades, soy demasiado bueno para que me traten bien…
Al principio me preguntaba si solo me pasaban estas cosas a
mí o si simplemente les daba demasiada transcendencia. Es cierto que las
personas les damos a los actos la importancia que nosotros pensamos que merecen
pero, también es incuestionable que nos basamos en nuestras experiencias (ya
sean positivas o negativas) para juzgar la magnitud de dichos actos.
De esta manera, si me fiara de mi parte racional grabaría a
fuego la siguiente enumeración de acciones como si de un manual para la
supervivencia se tratara:
1.- No confíes en
nadie. Ni siquiera de tu sombra.
2.- Especialmente no confíes en quien te trate bien porque
te hará parecer débil.
3.- No se puede tropezar dos veces en la misma piedra. Eso
es imperdonable y de estúpido.
4.- No te dejes conocer internamente por nadie, ya que quien
lo logre podrá destruirte cuando tenga oportunidad.
5.- Cuanto más bondadoso, honesto y amable seas, mayor será
tu castigo por ingenuo e inocente.
.
.
.
Probablemente me convertiría en un ser arisco, antisocial,
poseedor de graves problemas empáticos y tolerantes… Un autómata sin sentimientos
ni personalidad propia o lo que es lo mismo, un ser inerte.
Pero ¿Cómo detenerlo? ¿Cómo parar la mayor conspiración
contra tu identidad cuando el principal instigador es tu propia conciencia?
Pero, si me dejara llevar por las emociones sería… una
bestia. Una bestia que lo destruye todo a su paso, un ente al que no le importa
a quien ni a cuantos llevarse por delante, un organismo programado para dejarse
llevar por lo que siente como, cuando y con quien quiera de forma innata.
Una criatura concebida por y para la noche, el barro, la
carne y los excesos sin pliegues en los que ocultar nada, nada y todo. De
mirada profunda y rostro mordaz, con una serenidad salvaje como principal baza…
Un ser al que no le importaría mostrar lo que piensa y
padece en cada momento, porque es cierto que cada impulso que estrangulamos,
nos envenena…
Ira por tentaciones reprimidas que soporto como si de una lluvia
de mercurio se tratara… pesada y tóxica, se expande por todo mi cuerpo y se
hace dueña de mí. Porque si me convirtiera en el ser antes descrito no tengo ni
la más remota idea de cómo terminaría, pero si estoy seguro de que no
contendría nunca jamás ninguna de mis emociones y, solo de pensarlo, mis ojos
comienzan a brillar y los actos se sobrecargan de color.
Sin embargo, no creo estar preparado para lo que podría
significar abrir la caja de pandora. ¿Miedo? Puede, aunque no estoy seguro. Según
Krishnamurti, el miedo es una frustración del pasado proyectada en el futuro y,
por lo tanto, un invento del pensamiento.
Esta afirmación tan desafortunada viene a enmarcar la
realidad que representa el que este proyectando todos y cada uno de mis
desengaños en un documento Word. La verdadera desdicha se encuentra en que sin
duda alguna puedo asegurar que soy la persona más confusa que existe. Si de
verdad supiera lo que siento, no me costaría tanto esfuerzo escribir lo que
escribo y las palabras brotarían con sentido sin rechistar. Pero ese ya es otro
tema.
Voy a aprovechar que hoy hay tormenta para terminar… Sé que
no debo de permitir a mi mente rememorar fracasos pasados cíclicamente, entiendo
demasiado bien que establecerse cuesta, tengo que parar de dar respuestas a problemas
internos con soluciones ajenas y me la suda a quien le joda porque hagas lo que
hagas decepcionaras a alguien….
La cuestión es: En ese transcurso de transformaciones
¿encontraré alguna mano salvadora en vez de las que me hundieron en este lugar?
Aclarar de todos modos que esto era lo que sentía cuando lo escribí y que actualmente hay varias cosas que no se asemejan a lo que pensaba.







