viernes, 3 de enero de 2014

… días.

Despierto más cansado que antes, como de costumbre. La persiana bajada y la ventana esta cerrada. Si la hubiera abierto no apestaría el cuarto a anoche. Me lavo la cara con agua caliente para contrarrestar la imagen que se me viene a la cabeza y que se manifiesta en forma de un escalofrío que recorre mi dorso vertebra a vertebra.

Esa imagen se repite una y otra vez y, aunque mi consciencia quiera borrarla como método de autodefensa, mi estupidez supera todas las expectativas. Trato de recordar lo que hice ayer tirado en la cama. Solo me llega esa mirada. Y pensar que solo fue eso, simplemente, una mirada.

Aunque una mirada debería ser la cosa más superficial que existe, para mí, fue todo lo contrario. Aquella aurora de vestido negro contoneándose redujo el escenario a dos simples personajes. En su simpleza, fui capaz de apreciar complejidad.

Aquello fue un entreacto, un verano, mi canción favorita, mi niñez, una ducha de agua fría… Mi capacidad de comprensión no alcanza a entender el constante retorno de esa figura pero, si tratara de impedirlo, estaría mintiéndome.

Subo la persiana. La realidad golpea mi cabeza. Desaparece el decorado, la música ya no suena, aquellos ojos se cierran, el hedor de la habitación invade mis pulmones. Cojo mi abrigo, me pongo el gorro y salgo disparado de casa. Mis pies comienzan a correr como si fueran arrastrados por un carro de caballos alados, no me fatigo, ni tengo frío, solo estoy tratando de encontrarme…Despierto, lunes.

La gente me pregunta continuamente por que llego tarde y, mientras esperan que diga cualquier excusa banal simplemente dejo escapar una tímida sonrisa cuya profundidad emocional es inapreciable a simple vista. No pego ojo por las noches y el que me pregunten por mi tardanza me da la dosis de atención diaria que necesito para evadirme. Me pongo de nuevo el gorro, seguridad.

Los días se pasan fugaces y las noches…las noches no pasan, se repiten. Como un bucle infernal, una celda de auto castigo en la que me sumerjo cada vez más al mismo tiempo que me pregunto ¿por qué? Por qué mi corazón es mucho más racional que mi mente.

Otro día, sábado esta vez. Todo el mundo quiere que salga lo que me hace desconfiar de manera desproporcionada. Gente diferente, distinto sitio, movimientos dispares y mismo resultado. Estoy cansado así que corro para llegar a mi prisión justo a tiempo.

Cierro los ojos y allí esta. Ya no podía aguantar más. Si tan solo supiera su nombre sabría cómo llamar a mi odio…me odio. Te estoy buscando para encontrarme.

Suenan las primeras notas de Karma Police, las 8:45.


Bue…días.


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