Despierto más cansado que antes, como de costumbre. La persiana bajada y la ventana esta cerrada. Si la
hubiera abierto no apestaría el cuarto a anoche. Me lavo la cara con agua
caliente para contrarrestar la imagen que se me viene a la cabeza y que se
manifiesta en forma de un escalofrío que recorre mi dorso vertebra a vertebra.
Esa imagen
se repite una y otra vez y, aunque mi consciencia quiera borrarla como método
de autodefensa, mi estupidez supera todas las expectativas. Trato de recordar
lo que hice ayer tirado en la cama. Solo me llega esa mirada. Y pensar que solo
fue eso, simplemente, una mirada.
Aunque una
mirada debería ser la cosa más superficial que existe, para mí, fue todo lo
contrario. Aquella aurora de vestido negro contoneándose redujo el escenario a
dos simples personajes. En su simpleza, fui capaz de apreciar complejidad.
Aquello fue
un entreacto, un verano, mi canción favorita, mi niñez, una ducha de agua fría…
Mi capacidad de comprensión no alcanza a entender el constante retorno de esa
figura pero, si tratara de impedirlo, estaría mintiéndome.
Subo la
persiana. La realidad golpea mi cabeza. Desaparece el decorado, la música ya no
suena, aquellos ojos se cierran, el hedor de la habitación invade mis pulmones.
Cojo mi abrigo, me pongo el gorro y salgo disparado de casa. Mis pies
comienzan a correr como si fueran arrastrados por un carro de caballos alados,
no me fatigo, ni tengo frío, solo estoy tratando de encontrarme…Despierto,
lunes.
La gente me
pregunta continuamente por que llego tarde y, mientras esperan que diga
cualquier excusa banal simplemente dejo escapar una tímida sonrisa cuya
profundidad emocional es inapreciable a simple vista. No pego ojo por las
noches y el que me pregunten por mi tardanza me da la dosis de atención diaria que
necesito para evadirme. Me pongo de nuevo el gorro, seguridad.
Los días se
pasan fugaces y las noches…las noches no pasan, se repiten. Como un bucle infernal,
una celda de auto castigo en la que me sumerjo cada vez más al mismo tiempo que
me pregunto ¿por qué? Por qué mi corazón es mucho más racional que mi mente.
Otro día,
sábado esta vez. Todo el mundo quiere que salga lo que me hace desconfiar de
manera desproporcionada. Gente diferente, distinto sitio, movimientos dispares
y mismo resultado. Estoy cansado así que corro para llegar a mi prisión justo a
tiempo.
Cierro los
ojos y allí esta. Ya no podía aguantar más. Si tan solo supiera su nombre sabría
cómo llamar a mi odio…me odio. Te estoy buscando para encontrarme.
Suenan las
primeras notas de Karma Police, las 8:45.
Bue…días.
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