Me duele la
cabeza, llevo todo el camino masticando el sabor tostado que yace en mi boca y
mis pies gritan desconsoladamente “¡¿Falta mucho para llegar a casa?!”
Flashes de
frecuencia aleatoria aunque ininterrumpida tratan de hurgar en la herida y,
sobre todo, se aprovechan de mi estado mental actual… demasiado débil.
Todos los
días que salgo la misma historia se repite. Al salir de casa una cuenta atrás
se activa en mi cabeza y a cada segundo que pasa lo noto como si una
muchedumbre me arrollara. Algunos utilizan el alcohol para divertirse, otros
para dar pena, otros para fingir, otros para aparentar…yo simplemente bebo. El estado de semiinconsciencia que me otorga es uno de los instantes más fabulosos
en cuanto a lo que paz mental se refiere.
Noches en
vela retratándome como una supernova silenciosa y sin brillo, una mamba negra
que carece de antídoto contra su propio veneno, fiel amigo del fracaso y oponente
número uno de mi autoestima… pensamientos al azar sin un nexo patente que los
una pero que provienen del mismo epicentro cuya única naturaleza es la de
alimentarse mi identidad.
Crack… Un
crujido que resuena permanente como eco de su triunfal establecimiento en mi juicio,
cual parásito. El estrépito del cambio, del punto de inflexión y de no retorno,
el murmullo de las teclas negras de las ruinas de lo que antes fue un piano.
Abro los ojos para quedarme ciego.
¿Y si no
quiero rendirme?
¿Y si no
quiero dar mi brazo a torcer?
¿Y si esa
imagen no puede salir de mi cabeza?
No pienso
aceptar un “no” por respuesta.
Ahora no
pienso como solía. Esta etapa ha terminado y comienza algo nuevo, aunque no sé
muy bien el que. Basta de afirmaciones erróneas e interesadas que me conviertan
en el naufrago dominante de mi pesar…
Nunca se me
ha dado bien seguir consejos ni escuchar advertencias por lo que esto no será
una excepción. Marcaré una nueva senda, pero si lo hago será de la única forma
que sé. A mi manera.
Guiado por
el sonido metalizado de las trompetas a través del sinuoso laberinto de
complejos obsesivos, envuelto en un universo de dudas e incertidumbre… Aplasto
mi yo interior como si fuera un insecto cuyo único fin es el catastrofismo
cíclico y dantesco.
No puede
conmigo el miedo, la duda o lo desconocido sino la impaciencia… Se agrieta el
suelo ante la marcha de los guerreros seguido de un redoble de tambores, están
cerca.
Motivado
por los anteriores errores cometidos, por las falsas promesas, por el “siempre
quise…”, por el “nunca lo conseguirás…”, por mi, por el “No”... Soy todos esos
días que tu escogiste ignorar.
Todo cuanto
conocíamos llega a su fin. Es el momento. Me despido de todos vosotros y espero
que no me volváis a ver jamás así. Es el origen de algo nuevo. Metamorfosis.


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