domingo, 12 de octubre de 2014

Metamorfosis

Me duele la cabeza, llevo todo el camino masticando el sabor tostado que yace en mi boca y mis pies gritan desconsoladamente “¡¿Falta mucho para llegar a casa?!”

Flashes de frecuencia aleatoria aunque ininterrumpida tratan de hurgar en la herida y, sobre todo, se aprovechan de mi estado mental actual… demasiado débil.


Todos los días que salgo la misma historia se repite. Al salir de casa una cuenta atrás se activa en mi cabeza y a cada segundo que pasa lo noto como si una muchedumbre me arrollara. Algunos utilizan el alcohol para divertirse, otros para dar pena, otros para fingir, otros para aparentar…yo simplemente bebo. El estado de semiinconsciencia que me otorga es uno de los instantes más fabulosos en cuanto a lo que paz mental se refiere.

Noches en vela retratándome como una supernova silenciosa y sin brillo, una mamba negra que carece de antídoto contra su propio veneno, fiel amigo del fracaso y oponente número uno de mi autoestima… pensamientos al azar sin un nexo patente que los una pero que provienen del mismo epicentro cuya única naturaleza es la de alimentarse mi identidad.

Crack… Un crujido que resuena permanente como eco de su triunfal establecimiento en mi juicio, cual parásito. El estrépito del cambio, del punto de inflexión y de no retorno, el murmullo de las teclas negras de las ruinas de lo que antes fue un piano. Abro los ojos para quedarme ciego.

¿Y si no quiero rendirme?

¿Y si no quiero dar mi brazo a torcer?

¿Y si esa imagen no puede salir de mi cabeza?

No pienso aceptar un “no” por respuesta.

Ahora no pienso como solía. Esta etapa ha terminado y comienza algo nuevo, aunque no sé muy bien el que. Basta de afirmaciones erróneas e interesadas que me conviertan en el naufrago dominante de mi pesar…

Nunca se me ha dado bien seguir consejos ni escuchar advertencias por lo que esto no será una excepción. Marcaré una nueva senda, pero si lo hago será de la única forma que sé. A mi manera.

Guiado por el sonido metalizado de las trompetas a través del sinuoso laberinto de complejos obsesivos, envuelto en un universo de dudas e incertidumbre… Aplasto mi yo interior como si fuera un insecto cuyo único fin es el catastrofismo cíclico y dantesco.

No puede conmigo el miedo, la duda o lo desconocido sino la impaciencia… Se agrieta el suelo ante la marcha de los guerreros seguido de un redoble de tambores, están cerca.

Motivado por los anteriores errores cometidos, por las falsas promesas, por el “siempre quise…”, por el “nunca lo conseguirás…”, por mi, por el “No”... Soy todos esos días que tu escogiste ignorar.



Todo cuanto conocíamos llega a su fin. Es el momento. Me despido de todos vosotros y espero que no me volváis a ver jamás así. Es el origen de algo nuevo. Metamorfosis.

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